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miércoles, 21 de enero de 2015

Guitarra

De la funda, saco la guitarra y la apoyo en el sillón. Es marrón, de madera y sus cuerdas, recién puestas, están tensas como mis músculos. La miro, te miro. No será como vos, pero se deja tocar, digo. Vos reís, reboleás el pelo y te hechás para atrás en la silla.
-Una de los Stones.
La agarro y esgrimo unos acordes de She is rainbow. Entonces, empinás el último trago de vino y te parás en la silla. Te levantás la remera hasta que te queda enganchada del pelo, como una vincha. Estás en corpiño, levantando las manos en forma de ve cuando termino la canción con la última gota de aire.
A la mañana siguiente, hace calor. Me levanto de un salto con la remera empapada. Las baldosas del piso están frías cuando camino hasta la ventana y tiro de la manija metálica. Una ráfaga de viento tibio entra de golpe y hace sonar las cuerdas graves (ahora, la guitarra está en su apoyo al costado de la cama). Me acerco hasta vos y te destapo. Abrazame, decís. Silbo She is rainbow.

miércoles, 6 de enero de 2010

¿Si dijo? Sí, mucho

No sabía hablar. No, no, peor aún: no podía hablar. Mejor digamos y esto seguro: no habló ¿Si dijo? Sí, mucho.

Sentados en el banco, éramos un coro de risas. Ella jugaba con mi mano, estirando los dedos, contándolos. Yo con su mirada, encontrándola, esquivándola. La plaza, después del mediodía, funcionaba como lugar de paso. El sol posaba fuerte sobre la cabeza de los transeúntes que caminaban con caras de agobio, de esfuerzo, de quiero vacaciones. Señores de traje, señoras paquetas con paquetes miraban al banco, a nosotros, al árbol visera que nos cubría. Un refugio, un escape del mundo, un bunker pensé y ella dijo que la ponían histérica esos tipos, con aires de empresario, pegados al celular.

La encontré, bajé desde los ojos hacia una sonrisa roja, quieta. Quietos. Los demás, apurados. “23 de diciembre” reflexioné en alto: “parece que el tiempo los corre, que deben cumplir con algo antes de que termine el año”.

-¿Y vos?

- Sí, claro – contesté rápido y pensé en el bunker, en la construcción del bunker. Bajó la cabeza y antes de tener que responder a la misma pregunta, agarró uno de mis dedos y culminó: “te re comés las uñas”. Risas, bunker.

Entonces entró a escena el chico, no más de diez años. No sabía hablar. No, no, peor aún: no podía hablar. Mejor digamos y esto seguro: no habló ¿Si dijo? Sí, mucho. Se paró frente a nosotros y tembló fuerte. Lo observamos. Abrió los ojos bien grandes y nos miró sin vernos (al menos eso me pareció). Estaba perdido, tenía tierra en la cara, un agujero en el pantalón a la altura de la rodilla y un papel escrito pegado en el pecho, quise leer pero se dio vuelta rápido, caminó hacía el monumento de San Martín y gritó en silencio. No supe ayudar. No, no, peor aún: no pude ayudar. Mejor digamos y esto seguro: no ayudé ¿Qué dije? No mucho.

Giré la cabeza y busqué su mirada, bajé a su boca y encontré una sonrisa pintada con carbón.

- ¿Qué decía el papel? - pregunté.

- No hay bunker

miércoles, 12 de agosto de 2009

Haciendo Bulla

El año pasado realizamos éste documental que cuenta la historia de "La Chispa", una comparsa del Barrio Romero, ubicado en la periferia de La Plata.
La comparsa, formada por madres del barrio, tiene el objetivo de unificar a los pibes y "rescatarlos" para que no caigan en las drogas.
La producción fue realizada en el marco de la Cátedra de Audiovisual II de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.